Lo importante es contar la historia.

miércoles, 16 de abril de 2008

punto y aparte


Hoy no funciona nada de esto. La literatura es mucho más húmeda entre tus piernas que en mis poemas. El planteamiento son tus senos firmes; el nudo, mi garganta y el desenlace de nuestras bocas, imposible. Comienzo a escribirte las manos, a rellenar los tendones con palabras, y a cada signo de puntuación éstas se mueven. Tu boca me besa sin contemplaciones, de párrafo en párrafo, sin oxígeno para renglones. Nos intercambiamos los labios, en un juego de magia y lenguas, nuestras frases se superponen y creo entender el calor de esa concreción de carne tuya, que contiene todas las figuras literarias y que por encima de todo me contiene a mí, mientras nuestras frases se han superpuesto. Lo que resbala entre nuestras piernas bien podría ser tinta, tu aliento en mi cara es aire que se mueve al pasar de página. Nos despegamos y la sensación es como la de acabar un libro: cierras las tapas y te archivas frente a la pared en el colchón. Intento escribir, pero no puedo. Hoy no funciona nada de esto.

jueves, 10 de abril de 2008

Cepillo azul de dientes


rodrigo estira la mano y la mueve por toda la cama. gira un par de veces y se acuesta en el otro lado. al abrir los ojos se imagina a si mismo, hace tan sólo unos segundos, en el que ahora es el otro lado de la cama. y rodrigo vuelve a girar y repetir el proceso. cuando se cansa aprieta fuerte la almohada contra su cara.

se dirige al cuarto de baño, abre el grifo con gesto torpe y se echa agua fría en la cara. coge su cepillo y abre el tubo de pasta de dientes. rodrigo se distrae pensando en su romance con la almohada y al apretar la pasta, cae toda al suelo. se agacha y la recoge; ve que está mezclada con la suciedad del baño, así que coloca parte de la pasta en el cepillo, se lo lleva a la boca, se frota un poco y escupe. lava el cepillo y, después de cambiarse de ropa rápidamente, lo guarda en el pantalón y sale a la calle. rodrigo, en el camino hacia la farmacia, se encuentra con uno de sus vecinos. el hombre tiene unos cincuenta años, es militar retirado debido a una herida de bala en la pierna derecha.


- ayer me follé a mi mujer a cuatro patas, ya sabes, estilo perro. ¡nosotros que como mucho hacíamos el misionero! – el vecino estrecha la mano de rodrigo.

- ¿qué?

- ahora nos gusta ponernos en todas las posturas, a veces es un poco complicado porque se me engarrota la pierna, pero seguimos dándole al metesaca.

- no entiendo.

- nos ha tocado la lotería.

- ah. y ahora follan como conejos.

- a mí me gusta más el estilo perro.

- ¿y ha ganado mucho?

- bastante. ¿vienes a tomar algo? yo invito.

- es que tengo que ir a comprar pasta de dientes.

- he ganado muchísimo. vámonos a beber todo el día, por la noche podemos follarnos unas dominicanas.

- es que tengo que ir a comprar pasta de dientes.

rodrigo se despide del vecino y entra en la farmacia. pide la pasta de dientes y la dependienta se la trae. rodrigo busca en su abrigo pero no encuentra la cartera, se le caen al suelo varios pañuelos usados. intenta recoger los pañuelos mientras busca en los bolsillos, en un espectáculo acrobático que la dependienta observa con los brazos cruzados.

-¿no tiene una pasta más barata? – dice rodrigo mientras recupera el aliento.

-¿de qué precio?

- cero euros.

- no tenemos.

- pues deje que me lleve esa y otro día se la pago.

- no tiene usted pinta de pagar lo que debe.

-¿en serio que no tiene la pasta de cero euros?

- tiene que pagarme tres.

rodrigo extiende la mano y le enseña un pañuelo usado. sonríe. la dependienta comienza a atender otro cliente. rodrigo sale a la calle, saca el cepillo de dientes, lo mira y se dirige a un supermercado. una anciana sale con varias bolsas de la compra.

- no pienso robarle las bolsas – rodrigo pone gesto de buena persona.

- y yo no voy a pagarle a usted porque me las lleve.

- serían tres euros.

- antes me parto los brazos.

- en serio que no se las robo.

la anciana aligera el paso y rodrigo extiende la mano hacia la bolsa. la anciana comienza a gritar y señalarlo; rodrigo se aleja, asustado, y se apoya en una pared. coge el cepillo y comienza a frotarse los dientes. al poco tiempo, el movimiento se hace más lento. rodrigo guarda el cepillo y golpea con el pie la pared. se dirige al supermercado. justo al entrar, se tropieza con un carro de la compra y cae al suelo. un pequeño hilo de sangre le cuelga de la nariz, la señora del carro le pide disculpas y le intenta curar la herida, pero rodrigo se pone un pañuelo y continúa su camino. se detiene frente a la sección de higiene, mira hacia los lados para asegurarse de que no le ve nadie relacionado con el supermercado. una chica con un abrigo verde de capucha mira los cepillos de dientes. rodrigo coge un tubo de pasta, lo saca de la caja y se lo mete en el bolsillo, comienza a andar.

- ¡eh, eh, eh! seguridad del supermercado, tiene que devolver lo que ha robado – la chica lo coge del brazo.

- tengo que lavarme los dientes.

- si no lo devuelve llamaré a la policía.

- llámala. tengo que lavarme los dientes.

- le meterán en la cárcel.

- no creo.

- ya verá que le meterán en la cárcel.

- me da igual.

la chica besa con fuerza a rodrigo y lo lleva hasta los cepillos y le pide que elija uno. rodrigo se decide por el rojo y la chica paga la pasta de dientes y el cepillo.

cogen el autobús y la chica besa a rodrigo en cada parada. besos de animales los llama. cada parada es un animal distinto. beso de hormiga, de perro, de serpiente, de foca, de rana. y el corazón de rodrigo se convierte en un zoológico. al llegar a la casa de ella, se inventan diez maneras diferentes de abrir la puerta, eligen la primera y entran rápido a lavarse los dientes. proponen una carrera para ver quién se los deja más limpios. después se tiran en la cama y la chica cae sobre él como pasta de dientes sobre el cepillo. en el cuarto de baño hay un bote abierto de colonia y una toalla rosa en el suelo. un pato de goma sonríe encima de un bote de champú. un cepillo azul y otro rojo permanecen quietos, intactos, girados el uno hacia el otro sobre un vaso de cristal.